Cultura

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30 de abril de 2013 • 21:25

Pablo Neruda y su casa en Isla Negra: más vivo que nunca

Recientemente exhumaron por tercera vez el cuerpo del poeta más popular del mundo y Premio Nobel de Literatura 1971. Hoy sus restos no descasan en paz porque se investiga la posibilidad de que hubiera sido envenenado. Mientras en su casa museo de Isla Negra, todos lo extrañan.

 

Santiago, Chile.- En 2012, 145 mil personas visitaron esta casa-museo-cabaña-palacio-galería-atalaya-buque-faro-tren, una de las tres residencias que pertenecieron a uno de los poetas más populares del mundo, el Premio Nobel chileno Pablo Neruda, nacido Neftalí Reyes Basualto, hace más de 109 años.

De las tres puede que sea la más importante, ya que hasta hace unas semanas albergó sus restos, en una tumba con vista al mar Pacífico, ese que se sale de sí mismo a cada rato, pero que aquí en esta localidad nunca ha hecho de las suyas, convertido en tsunami, algo recurrente en estas telúricas latitudes australes.

La tumba hoy no contiene nada de Neruda: sus huesos están en un laboratorio del Instituto Médico Legal de Santiago, siendo analizados para despejar las dudas sobre la real causa de su muerte, ocurrida el 23 de septiembre de 1973, diez días después del golpe militar que derrocó al régimen de su amigo Salvador Allende.

Manuel Araya, su chofer de entonces levantó las alarmas  en 2011 y la justicia chilena determinó que correspondía investigar la presencia de toxinas en los restos para comprobar o descartar que pudo haber sido envenenado y no haber muerto a causa del cáncer de próstata que padecía.

Carolina Rivas, escritora y directora de la Casa Museo de Isla Negra, hace notar que la Fundación Neruda, que hoy administra las casas-museo, ha dado todas las facilidades para la exhumación, pero afirma que ahora, aquí, se le extraña.

Esta es la tercera exhumación a que es sometido el cuerpo del poeta que se cansaba de ser hombre. Dadas las duras condiciones políticas imperantes cuando murió, el régimen militar ordenó un funeral entre gallos y medianoche en Santiago, buscando impedir que una ceremonia pública adquiriera carácter subversivo. Sus restos descansaron primero en el mausoleo de la familia Dittborn, pero al cabo de siete meses fueron trasladados al nicho 44 del módulo México del Cementerio General de Santiago.

¿Q.E.P.D?

Durante el primer gobierno democrático después del régimen militar, el de Patricio Aylwin, en 1992, los restos de Pablo Neruda y su tercera y última mujer Matilde Urrutia fueron velados con gran pompa en el Salón de Honor del ex Congreso Nacional.

Y al día siguiente, el 12 de septiembre, recién se cumplió su voluntad y fue depositado donde él quería descansar en paz: frente al mar de Isla Negra y junto a Matilde, a quien llamaba La Chascona, nombre con el que se conoce la casa de la pareja en Santiago.

Esta propiedad de Isla Negra, localidad del litoral central de Chile, provincia de San Antonio, de la comuna de El Quisco, fue comprada y así figura en las escrituras en 1938 por la segunda mujer de Neruda, la artista plástica argentina, Delia del Carril, conocida como "La Hormiguita". Era entonces una pequeña construcción de madera y piedra que,  a lo largo de los años, el poeta mejoró  y aumentó, convirtiéndola en un notable ejemplo de arquitectura de autoconstrucción, que refleja sus mañas, obsesiones, amistades, aficiones, como si se tratara de un espejo mágico. Y, aunque suene injusto, el amor por Matilde, ya que para donde mire el visitante encontrará la "P", de Pablo,  y la "M", de Matilde,  vinculadas en los rincones menos pensados.

Mascarones de proa, insectos y mariposas, caracolas, objetos náuticos, máscaras del mundo, botellas, cristos embotellados hechos por presos brasileños que le regaló su amigo Jorge Amado,  instrumentos musicales, son algunas de las colecciones que tienen un espacio en la casa museo de Isla Negra que funciona como una galería viva.

En el salón donde recibía y celebraba, encontramos, por ejemplo, una prensa para hacer hostias, dos candelabros de fierro mexicanos, un mural en piedras semipreciosas, donde se mezclan el ónix, las ágatas de Isla Negra y el lapislázuli, piedra que sólo existe en un punto preciso de la Cordillera de los Andes de Chile y en Afganistán. La hizo su amiga María Martner, la muralista y vitralista que dejó sus huellas en los mosaicos de piedra con forma de peces que rodean el exterior de la casa. Los Martner fueron amigos de los Neruda (Pablo y Matilde) y les arrendaban un piso en La Sebastiana, la tercera casa museo, ubicada en uno de los cerros del Puerto de Valparaíso.

Otra habitación atractiva es el dormitorio, donde yacía enfermo cuando se produjo el Golpe del 11 de septiembre de 1973 y que abandonó el día 19, cuando lo trasladaron a la Clínica Santa María donde murió pocos días después. Lo que más impacta aquí es el paisaje, la vista del mar, las olas y los cerros de algas oscuras acumuladas entre los roqueríos que lo llevaron a rebautizar esta playa: de Las Gaviotas a Isla Negra.

DE BARES Y TERREMOTOS

Cuentan que el propietario original de estos predios, Eladio Sobrino, intentó llevarle la contra en este afán, pero no pudo torcer la voluntad de un hombre tozudo, caprichoso y seductor, que se definía  en tramos de su "Autorretrato" como "aficionado a las estrellas, mareas, maremotos, administrador de escarabajos, caminante de arenas, investigador en mercados, oscuro en las bibliotecas, melancólico en las cordilleras, incansable en los bosques, lentísimo de contestaciones, ocurrente años después, monumental de apetito, tigre para dormir, sosegado en la alegría, inspector del cielo nocturno, amable de mujeres, activo por padecimiento, poeta por maldición y tonto de capirote".

Finalmente, esta pequeña playa, que alberga unas cuantas casas de verano se convirtió en el epicentro poético del mundo y es conocida como Isla Negra. “El mar me pareció más limpio que la tierra por eso me vine a vivir en la costa de mi patria entre las grandes espumas de Isla Negra”, escribió.

LARGA VIDA A NERUDA

Pero Neruda le temía al mar y no se subía a una embarcación si no era estrictamente necesario. Por eso, a la salida del bar, un espacio  cerrado y desconectado de la casa, absolutamente restringido a los verdaderos amigos (en las vigas del techo están tallados los nombres de esos compadres literatos), instaló un bote. Cuando el entusiasmo desbordaba las copas y la concurrencia se achispaba, Neruda invitaba a los contertulios a sentarse en el bote, para que experimentaran en tierra el mareo de mar. Sin riesgo de mojarse por fuera, quedaban completamente empapados de alcohol y amistad por dentro.

En el bar, está además la translúcida colección de botellas, que milagrosamente ha sobrevivido a terremotos y temblores.

La casa-museo de Isla Negra está a unos 120 kilómetros de Santiago, en El litoral de los poetas, como se llama con justicia al camino costero que une estas localidades. Ese camino incluye por el sur a Cartagena, un balneario pobre pero de un pasado esplendoroso, donde está la recién inaugurada Casa  de Vicente Huidobro, otro de los grandes faros de la poesía chilena y mundial. A medio camino entre Cartagena e Isla Negra, vive el antipoeta nonagenario Nicanor Parra,  hermano de Violeta y varias veces postulado al Nobel de Literatura. Y si se sigue avanzando hacia el norte, se llega a Valparaíso, puerto principal, en cuyos cerros de levanta La Sebastiana, otra de las tres casas de Neruda.

Hoy no están los restos de Pablo Neruda descansando en paz en Isla Negra y Matilde probablemente extraña su ahora módica presencia, pero su espíritu juguetón acompaña a todos los peregrinos que llegan hasta acá, muchos con un libro en la mano y su pareja en la otra. No es raro verlos emocionarse y llorar recitando versos de amor como el "me gustas cuando callas y estás como ausente…", que se confunde con el rugido de las olas y el graznido de las gaviotas en Isla Negra.

 

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