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Élmer Mendoza: "Tenemos que componer más corridos sobre toreros"

14 may 2013
15h29
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El escritor mexicano Élmer Mendoza confesó hoy que siente una profunda admiración por los toreros, "hombres de arrojo que se plantan ante la fiera", y pidió que se les rinda tributo dedicándoles "corridos" como los que narran en su país las hazañas de los narcotraficantes.

"Ponerte enfrente de un toro es la incertidumbre absoluta. Yo lo hice (...) Ver a esos hombres que les hacen figuras, que los esperan erguidos (...) ¡Caray! Tenemos que componer más corridos sobre los toreros", dijo el novelista a Efe.

Mendoza (Culiacán, 1949) presenta estos días en México "Trancapalanca" (Tusquets, 2013), un libro que reúne veintitrés cuentos que escribió entre 1978 y 1995 y que ya había publicado en su ciudad natal en 1989.

Uno de los cuentos, "Querido Julio", es un sentido homenaje al argentino Julio Cortázar (1914-1984), donde el escritor mexicano revive un singular episodio ocurrido en 1984 en un fugaz paso por la Monumental Plaza México.

"Es la única vez que he ido a una plaza. Yo tengo mucha simpatía por el torero. En mi ciudad hay una pequeñísima a la que nunca he ido, pero si yo tuviera que votar (...) ¡votaba por que siguiera la fiesta!", comentó este académico de la lengua en México y catedrático de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS).

Aquel día un amable anfitrión que le había llevado a la Monumental explicaba a Mendoza que un torero iba a recibir al astado "a puerta gayola", un peligrosísimo lance que podría costarle la vida al torero.

El protagonista del cuento "está muy atento a lo que está pasando en la plaza", una "muy buena corrida" según los entendidos que le acompañaban, pero el gozo del momento se desvanece cuando conoce de súbito la muerte de Cortázar.

"Había un periódico que se llamaba el 'Ovaciones de la tarde' donde la noticia la ponían con letras de media página. Ponían fotos de chicas y que (en mitad del festejo, entre cerveza y cerveza) voy viendo y leo 'Muere Cortázar'. Fue como una estocada, algo que sientes que te duele", dijo Mendoza.

Al tiempo que rompía a llorar embargado por la pena, el astado arrollaba al matador, "y se me mezclan las imágenes de lo que estoy viendo en la plaza con la noticia, y todo lo que Cortázar significa para mí como maestro".

"Fue un golpe. Reconozco que he llorado dos veces: con (John) Lennon y con Cortázar", confesó el escritor.

Otro cuento titulado "Instrucciones para controlar a un narcotraficante armado hasta los dientes" relata cómo salir airoso de un percance automovilístico tras chocar levemente con un "narco".

El pistolero ha bajado de su camioneta enfurecido, lleva "un cuerno de chivo sensiblemente visible", y calza botas de piel de avestruz. El consejo del escritor es contundente: "No reclame, sonría".

Mendoza admitió que no es un cuentista habitual, sino más bien que está en vías de extinción "para no traicionar al género de la novela", que le ha permitido llegar a lectores de multitud de países con títulos como "Un asesino solitario" (1999), "El amante de Janis Joplin" (2001), "Balas de plata" (2008), llevada al cine, y su obra más reciente, "Nombres de perro" (2012).

Pese a ello confió en que su lectores disfruten de "Trancapalanca" como "una cosa loca" resultado de una imaginación ágil y subversiva.

"(Los cuentos) sí me gustan, pero soy un lector clásico. Me gustan los que tienen final sorpresa" y los "muy poéticos", señaló.

"Los míos, como cada uno juega en una liga, luego hay cosas ahí inesperadas", concluyó.

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