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25 de abril de 2012 • 09:51 • actualizado a las 10:54

Inicia restauración de 11 bibliotecas públicas en el DF

En la Biblioteca Rubén Darío, en el Centro Histórico, está a punto de concluir la restauración.
Foto: Reforma
 

Ciudad de México, México.- Sin mantenimiento, con problemas de iluminación, drenaje y goteras, y algunas incluso sin sanitarios, las bibliotecas públicas administradas por la SEP en el Distrito Federal fueron durante años tierra de nadie. Es por eso que se decidió empezar de cero y dignificar estos espacios, que aún tienen colgado en la entrada el letrero del Conaculta, a cuya red pertenecieron hasta 2005.

Desde octubre del año pasado, el personal comenzó a desalojar más de una decena de bibliotecas, y el acervo fue retirado para su resguardo.

Pero pasaron los meses con los lugares vacíos, sin que las obras iniciaran, lo que provocó alarma en usuarios y trabajadores.

"Fue más complicado de lo que esperábamos poder intervenirlas, porque en la mayoría no se tenía claridad sobre a quién pertenecía la propiedad. La Secretaría de Hacienda es clara y no nos permite aplicar un recurso a un inmueble que no sea propiedad federal", explica el arquitecto José Miguel González, quien desde la Oficialía Mayor de la SEP está al frente del proyecto de rehabilitación de los inmuebles.

Entre papeleos y ajustes al presupuesto, finalmente se lograron recursos para atender 11 bibliotecas de las 23 que forman parte de la Administración Federal de Servicios Educativos en el Distrito Federal (AFSEDF). En las cuatro que se ubican en inmuebles históricos ya comenzaron las obras de restauración, y en las otras siete debe contratarse en estos días a la empresa que se encargará de darles un mantenimiento integral.

Debido al nivel de deterioro, la propuesta plantea cambiar los sistemas hidráulicos y de iluminación, impermeabilizar los techos, colocar rampas para discapacitados e incorporar nuevo mobiliario. Se reordenará también el espacio para que cada biblioteca cuente con un área de recepción, oficinas, sanitarios, salas infantil y de cómputo, mesas de trabajo y zonas de lectura al aire libre.

"Algunas (bibliotecas) quedarán listas en julio y otras en agosto", asegura González. "En ninguna intervención se va a construir un metro cuadrado de obra. No hay que hacer cimentación ni poner muros o techos. No tiene por qué llevar más tiempo".

El arquitecto Carlos Obregón Santacilia diseñó la Primaria Benito Juárez en 1923 como una abadía que tenía en su centro una gran biblioteca. Cuenta con dos murales de Roberto Montenegro, opacos por el abandono, que serán restaurados por el INBA como parte de la recuperación del espacio.

Una vez retirada la loseta prefabricada de los muros exteriores, que había cambiado su color de blanco a gris, se impermeabilizó la bóveda y los tragaluces son protegidos con vidrio para evitar filtraciones. El espléndido barandal de madera va camino de recuperar su aspecto original tras serle retiradas las sucesivas capas de pintura para sustituirlas por barniz. Al fondo se construyen los sanitarios, de los que el espacio carecía.

Sobre la Ribera de San Cosme, en la Biblioteca Sor Juana Inés de la Cruz ya se ha levantado el piso y retirado el aplanado de la fachada del edificio de principios del siglo 20. En este espacio, los libreros que había tapaban las ventanas, y las mesas y sillas no seguían ningún orden.

"Antes, estaba todo hecho al aventón. Ahora habrá muebles diseñados con la altura correcta, un lugar para cada trabajador, baños limpios. La idea no es revitalizar las bibliotecas, porque siempre han sido muy utilizadas, se trata de dignificarlas", señala el arquitecto Rafael Balbi, a cargo de la supervisión del proyecto.

Una constante, dice, ha sido lo que llama "problemas de condominio". La Secundaria "Moisés Sáenz", vecina de la Sor Juana, cuenta con un gran patio ubicado atrás de la biblioteca, vacío y descuidado, que los usuarios tendrán que limitarse a observar desde la pared de vidrio que delimitará los pocos metros ganados como área de lectura al aire libre.

La propuesta, indica Balbi, es mantener el acervo usual de las bibliotecas. "En algunas tuvimos que bajar un poco el número porque había más libros que capacidad de consulta". Igualmente se replanteó el número de usuarios para un mejor aprovechamiento de los espacios.

Frente a quienes consideran anacrónico invertir en bibliotecas públicas, González defiende su utilidad. En sus recorridos le tocó ver niños haciendo sus tareas, gente que utilizaba el internet gratuito para sus trámites, e incluso una persona que había hecho del espacio su oficina. "Llevan muchos años siendo elementos de barrio consolidados, y funcionan en muchos sentidos como una extensión de lo privado".

La Dirección de Bibliotecas y Lenguajes, encargada de la operación y mantenimiento de los espacios, no respondió a una solicitud de entrevista de este medio.

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